FALSTAFF.-
[...]
¿Qué necesidad tengo de salirle al paso a quien no me llama?
Vamos, eso no importa, el honor me aguijonea.
Sí, pero ¿si el honor, empujándome hacia adelante, me empuja al otro mundo?
¿Y luego? ¿Puede el honor reponerme una pierna? No.
¿O un brazo? No.
¿O suprimir el dolor de una herida? No.
¿El honor no es diestro en cirugía? No.
¿Qué es el honor? Un soplo.
¡Hermosa compensación!
¿Quién lo obtiene? El que se murió el miércoles pasado.
¿Lo siente? No.
¿Lo oye? Tampoco.
¿Es entonces cosa insensible? Sí, para los muertos.
Pero ¿puede vivir con los vivos? No.
¿Por qué? La maledicencia no lo permite.
Por consiguiente, no quiero saber nada con él;
el Honor es un mero escudo funerario y así concluye mi catecismo.
(Sale)
William Shakespeare
Enrique IV Parte 1
Acto V, Escena I
No hay comentarios:
Publicar un comentario